Estos son los cinco motivos por los que
siempre vuelvo a Roma:
1. La gastronomía Italiana:
No hablo de pizza del Mercadona o de pasta
con atún que con rabia te preparas entre semana, por la pereza que te da
hacerte algo más elaborado. Hablo de la verdadera cucina italiana, de los olores
de ajo y albahaca que desprenden las trattorie,
de la simplicidad de un plato de spaghetti bien hecho; o de aquella pizza margherita que no requiere ningún otro
ingrediente además del tomate y del queso para causar placer al paladar, o del
helado artesano que disfrutas en Piazza Navona para apaciguar el calor del
verano romano. Sin duda, Roma está llena de sitios fantásticos para comer, sin
embargo, de entre todos los barrios, mi
favorito es el Trastevere.

2. Las iglesias:
Mi falta de religiosidad no me
impide apreciar la extraordinaria belleza de las iglesias romanas. Hasta la
capilla con la fachada más austera de la ciudad guarda en su interior un tesoro
decorativo y un patrimonio escultórico para dejar a cualquier historiador del
arte con la boca abierta.

3. El Tiber:
Un paseo matutino por el Tíber, desde la Piazza del Poppolo
hasta el Ponte Sisto nos
revela una radiografía casi transversal de la historia romana a través de su
arquitectura. Puentes de hierro decimonónicos, palacios renacentistas, iglesias
medievales, el Castel Sant’Angelo y el puente
romano más antiguo de Roma son
algunas de las maravillas silentes que observan los transeúntes pasar.

3. Los mercados:
Roma es el paraíso del comprador. Desde
tiendas de moda megacaras a mercadillos de pulgas con infinidad de objetos,
Roma ofrece productos para todo aquel dispuesto a comprarlos.
Una de mis plazas-mercado favoritas es sin
duda el Campo dei Fiori. Si bien los productos que se venden en este concurrido
mercado no son del interés general de muchos visitantes, ya que se trata de un
mercado de comida, el Campo dei Fiori es el lugar perfecto para ver la vida del
romano medio en pleno apogeo.

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